27
2010
Poder de la cultura

Hay gente que cuando piensa en la palabra “cultura” se imagina un busto de Beethoven sobre un piano, tal vez una lira o el Partenón en Grecia. Su mente se dispara hacia una estratosfera de ideas abstractas y expectativas altísimas en términos de educación y lecturas.
Para los antropólogos la cultura es algo más terrenal, pues para ellos está conformada en buena parte por las ideas que hemos aprendido como miembros de la sociedad. En la perspectiva de estos científicos sociales el debate acerca de si una cultura es “buena” o “mala”, “culta” o “popular”, es secundario, a ellos lo que les interesa en primer término, antes que moralizar, es determinar la forma en la que los patrones culturales de comportamiento operan.
Es sobre este aspecto que deseo referirme en vista de que la cultura no está conformada únicamente por ideas, sino también por prácticas. Cada sociedad posee un repertorio de nociones que aplica para lidiar con asuntos concretos de todo tipo y es ahí donde pueden surgir inconvenientes.
Digamos que un niño aprendió, por el ejemplo de los adultos, que cuando se viaja para no ensuciar el auto hay que arrojar la basura por la ventana. ¿El resultado? Toneladas de basura que se acumulan junto a las carreteras que siguen aumentando por los hábitos de esos niños que crecieron y ahora probablemente les dan el mismo ejemplo a sus hijos.
La cultura tiene un poder efectivo que puede resultar en potencia dañino a varios niveles. En Norteamérica es una costumbre comprar un café en un recipiente desechable para ir tomándolo camino al trabajo. Este hábito repetido millones de veces cada día por los habitantes de una ciudad del tamaño de Nueva York genera volúmenes enormes de basura y gran impacto ambiental.
El Ecuador no se queda atrás porque existen conductas culturales que le hacen daño a nuestra convivencia: abusar del claxon; irrespetar las paradas del bus; ser impuntuales; hacer mofa de las costumbres y apariencia de las minorías étnicas. En consecuencia, cambiar un país pasa por modificar su cultura, una tarea de la que todos somos responsables.

Escrito por Editorialistas -





