May
18
2011

Diez razones para no lapidar a Santiago Pérez

Creo que es bueno expresar lo que pienso del “error” de Santiago Pérez. La explicación que he elaborado no va por la terminología matemática del “margen de error”, ni nada parecido. Se apoya en una disección cultural del ecuatoriano medio. Veamos:

1.- Es bueno colegir que la sábana de preguntas coadyuvaba a la confusión al momento de registrar votos. Y una encuesta a boca de urna -sin papeles- sobre semejante esfuerzo debía prever el desconcierto mental de quien comunicaba su voto. Recalco: comunicaba su voto, no contaba su voto. Quizás allí radique el error -no el delito- de Santiago Pérez. Quienes apuestan a la claridad y fidelidad de un votante luego de enfrentarse a esa sábana intentan lo imposible. Y aquí, por favor, no nos hagamos los vivos y concluyamos que somos hiper reflexivos e impecables. Pensemos en la masa de votantes. En la masa.

2.- Y, atención, el otro y gran asunto radica en las mesas o juntas electorales. Una vez empezada la revisión y traslado virtual de las actas contadas y firmadas por los presidentes de las juntas, una cantidad enorme de éstas han sido cuestionadas o declaradas “inconsistentes”; porque las sumas respectivas no coinciden. Entonces, bien vale preguntarse: ¿estaban preparados esos ciudadanos para contar adecuadamente el discrimen de los votos de los sufragantes?, ¿tuvieron voluntad cívica para asimilar el ejercicio o creyeron que la cosa era soplar y hacer botellas? O… ¿no será que semejante gimnasia de sumas y discrimen de preguntas puso a prueba la formación de los vocales de las mesas?… Porque me parece sospechoso que se agreguen errores precisamente en los “lugares de origen” del voto. O sea, ¿tantas actas con sumas inconsistentes qué mismo reflejan? ¿Fraude? ¿Negligencia? ¿Cansancio? ¿Quemeimportismo? ¿Planificada anarquía? O… ¿tal vez pormenorizar los votos que contenían 300 papeletas -por mesa- afectó la concentración y trabajo eficiente de los vocales?… Y, además, ¿qué hizo el Consejo Electoral para prevenir semejantes entuertos?… Y lo pregunto porque éstos, de lo que se ve, terminan favoreciendo o perjudicando, a diestro y siniestro, tanto al Sí como al No. Y aquí va la pregunta del millón, si la juntas fallaron con las papeletas en mano, ¿qué podemos decir de quienes solo confiaron en la memoria de los votantes a la salida de un recinto electoral?

Por eso…

3.- El voto en plancha suponía una facilidad; pero no siempre los preguntados habían votado así.

4.- Una encuesta -a boca de urna- se enfrenta a la confianza de la memoria de quien comunica su voto. La memoria es frágil y el abordaje sorpresivo mezcla las ideas. Así, cuando informamos algo, al vuelo, las distorsiones activas o pasivas asoman.

5.- Si el encuestador a boca de urna usa una metodología errónea, las respuestas del votante reflejarán esa falta.

6.- El voto discriminatorio de las preguntas, es decir, quien votaba Sí en varias preguntas y No en las otras, trazó un escenario movedizo para quien consultaba. El voto discriminatorio suena interesante para el ejercicio de la democracia; pero enunciarlo a boca de urna no aseguraba un resultado fiel del universo total de la votación. La proyección era, de manera inevitable, deformada. Lo cual no es un delito.

7.- Hay que recordar que los encuestadores a boca de urna escogieron al azar a los votantes para el exit poll.

8.- El “análisis matemático” de los opinadores de ocasión, situados principalmente en los centros de la oposición mediática, exhiben hoy un supuesto conocimiento cabal de la estadística -y sus múltiples versiones prácticas- que nunca consideran los factores subjetivos del elector al recordar su voto (por la explicación del numeral 4).

9.- Pero quizás lo más importante es notar cómo fallamos cuando se comunican datos (no se diga cuando se comunican emociones, amores, paciencia, esperanza). La traslación de datos, es decir, comunicar: voté Si en la pregunta 3, voté No en la pregunta 8, voté Sí en la pregunta 6, conlleva el agravante de los textos específicos de cada pregunta: todos eran complejos. Muchas personas, con seguridad, trataron de relacionar el texto para recordar su respuesta positiva o negativa; pero los textos eran complejos. La confusión partía no solo de una parte del método escogido para hacer el exit poll sino de la complejidad de una papeleta hiper textual y nada gráfica.

10.- Pocos hablan del tiempo que tomaba procesar los votos discriminados y no exactos que los electores dicen que votaron. Eso con respecto al exit poll. En otras elecciones votar por alguien o a un Sí o a un No (la Constitución de Montecristi) reducía el efecto temporal. El sábado fue como diez elecciones a la vez. Quizás y con razón los señores y señoras de las juntas se marearon y sumaron mal. Quizás y con razón el mareo contagió a quienes hoy “saquean” las juntas desde la histeria electorera. Quizás el mareo no deja pensar qué mismo pasó con los contadores “inconsistentes” de las mesas. Y esto es lo básico: las inconsistencias han paralizado el conteo de miles de mesas en el país; sin embargo, la prensa política ya titula que el No va ganando…

Me parece descocado afirmar que el error de Santiago Pérez es un delito. Si el error tiene este decálogo de razones -que propongo aquí para bajar la fiebre de los inteligentísimos encuestadores de escritorio y de motín- bien puede tomarse su experiencia para entender mejor el universo de las encuestas y la ficción de la realidad.

Nadie puede -ni debe- lapidar a Santiago Pérez por un error que solo la contabilización total del sufragio del 7 de mayo relativizará y ponderará.

Los alardes de cierta prensa política son la mejor señal de que no se puede jugar con la gente que ni cuenta ni recuerda su voto. Solo vota. Para bien o para mal.

http://lamalaconcienciadecarolmurillo.blogspot.com
Carol Murillo Ruiz

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